10.6.11

Y dice aquel vagabundo que perdio la serenidad frente a la indiferencia:
-Quiero conciencia en el sentir que el otro quiere, quiero una muestra de cariño, quiero recuperar que me mimen un poco..
-Repite nomás, solo serán naufragios de dolor - dijo la pobre anciana que pasaba por la vereda, juntando un par de hojas con la punta del zapato-.

Y ahi se fueron, la viejita siguió por su veredea y el vagabundo siguió por su mundo de racimos sin uvas. Y quedaron marcadas las huellas en la piel, en la sed  de un mundo cargado de miseria y insensibilidad. La viejita no se dio cuenta que le sacó una uva mas a ese racimo. Y el vagamundo, se perdió el placer de saborear esa uva tan borravina por el simple hecho de estar donde tenía que estar.
Ahi fue cuando la crisis del vagabundo se hizo cada dia mas caótica. Ya no se entendía el porque de las desigualdades con el mundo. Ya no entendía porque fue destinado a nacer en estas tierras en toparse con gente así de cruel. Se cuestionó porqué la señora aquella tarde de junio le había contestado tan indiferentemente, por qué las carnes de los basurales no podían saber a carne, por qué salía el sol, o la luna. Se cuestionó hasta porque los pasos iban para adelante y no se dejaban llevar por el viento...

Y aún siguen aqui... esperando la vuelta a la vida del despreciado ser que tanto bien hacia a las crianzas precristianas. Ahora, solo suspira y espera.... desespera.... hasta que muera... soñando con que volverá... Pero tan ciego, tan sordo, tan atolondrado.... Esta aquí... te lo presento....

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