Permitime explorar cada recoveco de tu cuerpo, dejame besar cada uno de tus lunares, no me impidas que te contemple como un niño a la inmensidad del mar... Poder ser compañero tuyo, anhelo de muchos, pero solo mi sueño hecho realidad, mi desesperación por poder abrazarte y besarte hasta ahogarnos en el respirar mutuo que causa la impresión de que nuestras almas se encontraron en el puente formado por nuestras lenguas... Por momentos dulzura, por momentos pasión, amor, ternura, goce, felicidad, y miles de palabras que no alcanzarían para explicar esto. Dejame ser parte de tu cuerpo, dejame besarte la piel, acurrucarme en tu pecho y rodees mi cuello con tu brazo. Y dibujes garabatos sobre mi pelo con tus pequeños dedos de muñequita de porcelana, que fue confeccionada por el más puro de los artesanos de este mundo. Ninguno de los humanos podrá entender dicha sensación de paz, de armonía celestial en la que los planetas se alinean y paran el tiempo en nuestro mundo imaginario que es más puro y real que en el cual vivimos. Seamos uno en ese cuarto, cerrando los ojos, espiándonos por momentos, reconociéndonos por tactos, olores, colores, energías. Dejame desnudarte de aquellos males que son tangenciales a tus sienes, pero que no alteran el recorrido de mis manos sobre tu espalda, sobre tus mejillas, haciéndome sentir lo más dulce de una piel, de un sentir inexplicable que ni Freud ni Kant pudieron explicar en sus miles de pensamientos. Solo nosotros somos conscientes, (no se hasta que punto) de lo que pasa ahí de lo que va a pasar, ya que ese momento se volvió único, se volvió intransitable por otra persona que no sepa vivir en el mundo frenado, sin reloj, sin compromisos, sin apuros... Sólo nosotros, sólo vos, solo yo y el amor sabremos cómo aprovechar cada instante de esta extrema sensación de lujuria, ternura y felicidad que nos envuelve y nos presiona para impedir que nos separemos...