2.12.10


se un ave como quieras
ven al sur con tus pesas

canta, canta, canta... baila... baila...

siente el frio en tu frente...
lucha por lo que no aparece...

guerra guerra guerra... no mas en mi tierra...

hay melodias que entristecen...
pero estas alegran mi mente...

pide y lucha por la paz
el mal... jamas nos vencera....

La era del simulacro


“la era del simulacro es, por tanto, aquella época en la que habiéndose liquidado todos los referentes, la realidad es suplantada por sus signos. Pero los signos ya han dejado de funcionar como tales, ahora simplemente disimulan que no hay nada. Es el crimen perfecto. A partir de ahora todo se morfosea en su contrario para sobrevivirse.”[1]

Revolución industrial, descubrimiento de nuevos materiales, método científico, abren un campo de investigación hasta ese momento poco pensado. La aparición de nuevas mercaderías que se convirtieron en fetiches fueron las impulsoras de un espíritu consumista avalado por los medios de comunicación. Estas modificaciones en el estilo de vida social, modificaron de manera repentina y brusca el espacio. Tenían la posibilidad de maleabilizar el espacio tal como quisieran. El cristal palace, el referente más fuerte de este movimiento, fue, además de una evolución en la posibilidad de articular los espacios, de permitir luces más grandes y poder eliminar definitivamente los muros, aquella atracción que era la principal movida de los tiempos de ocio de las clases burguesas. Un tiempo más medido por las necesidades industriales, y por el beneficio del traslado más rápido por medio de los ferrocarriles y los vehículos más modernos, también colaboró para que la ciudad tuviera otros ritmos, necesitara otro tipo de configuración, necesitaban avenidas, edificios en altura también debido al éxodo rural.
Toda esta modificación, incentivada por la creación de los estados, y la concentración alrededor de los nuevos gobiernos como una beta vista por el pueblo para adherirse al progreso, aglutinándose en las capitales tanto como los edificios, y principalmente el capital. Esta acumulación que se daba de forma masiva en las ciudades, comenzó a ser desde ese periodo la forma de tomar un nivel social buscado, un reconocimiento del resto de la sociedad. Como diría Baudrillard, es un ser que ve y quiere ser visto, una persona que se ajusta para el encuentro, creando una ilusión estética. La estética, símbolo impulsador de una cultura, fue junto a las necesidades  de expansión, de acumulación y de capital, los principios impulsadores de la cultura ficticia actual, una cultura impuesta por un sistema que tiene como bases el capital.
Los conocimientos de las culturas previas, siempre fueron los cánones de las ideas actuales. Las obras de arte y el entendimiento, o a lo sumo el parecer de entender, los hechos históricos eran un reconocimiento sobre el resto de la sociedad, dan un grado de cultura que se van mestizando con el dueño de dichas piezas y conforman una colección. La colección. ¿Qué es un coleccionista? A mi parecer, es una persona que está interesada en acumular objetos que contengan, o no, una misma característica. Esto parece una maniobra de llamar la atención. Tal como se puede ver qué pasaba en la antigua roma, con los circos romanos, que servían de entretenimiento del pueblo aglutinado dentro de un “Cristal Palace” ocupando los tiempos de los habitantes del imperio. El emperador del momento, era aquel capaz de acumular, aquel que tenia un dominio sobre todas las partes de su imperio. Y de esta manera daba una imagen referente para toda la sociedad, una imagen inalcanzable, pero la verdadera, la que había que idolatrar.
En la sociedad de los últimos siglos pasa lo mismo, hay referentes, tal vez más relacionados con una imagen estética impulsada por las modas cíclicas y sin un fin específico, que son las que las masas siguen e intentan imitar como si fueran un espejo. Yendo al campo de lo urbano, también se ve en las ciudades, como pasaba a partir de la conquista de América. Los europeos utilizaban estas tierras recién conocidas como campo de experimentación, teniendo al referente de la ciudad industrializada como eran París y Londres. Hasta más tarde pensadores americanos como Alberdi, también utilizaron la imagen de la Europa industrial como referente.
Es interesante ver esta caracterización de referentes tomados por referentes. Como una persona de conocimiento masivo, para ser más reconocida y avalar sus ideas o actos se remite a la historia y a hechos que tuvieron su lugar en un pasado, y vuelven a ser reflejados, con su nuevo “contexto” en otro tiempo y con otros tiempos. ¿Funciona? Se podría hablar acá de una relación entre el funcionamiento y su astucia. Para esto podríamos volver al tema de una realidad ficticia, una multirrealidad que parece una “casa de los espejos” donde depende como uno se mueve es la visión que tiene de la realidad.
“la multirrealidad es la otra manera de hablar de esta realidad enteramente capitalista que tenemos ante nosotros. Su funcionamiento se basa en la coparticipación de dos procesos: la indeterminación o gelificación y el cierre mediante la obviedad. La multirrealidad es única si bien abre puesto que prolifera en múltiples planos que la indeterminan a la vez que la estabilizan. Y, sin embargo, la multirrealidad también se cierra. Lo que sucede es que este cierre que la obviedad efectúa, es en falso.”[2]
Cierre falso, ya que podemos plantear este proceso como una moda cíclica la cual se vuelve rutina y por momentos costumbre. Por momentos uno se siente como atrapado dentro de esta rueda. Y más si está en contacto con todas las herramientas controladoras de este sistema. Por así decirlo, se vuelve un acto no racional, embestido por la necesidad del consumo y de realizar algo lo más parecido al referente de la moda. Un acto mimetizador de razones superfluas, que generan como en la actualidad actos y materia sin un criterio. Tal como se puede apreciar comúnmente en las viviendas de los barrios privados o en intervenciones dentro de las ciudades donde, influye más un beneficio o una necesidad de resaltar sobre “lo otro” que poder colaborar con el paisaje en la construcción de una identidad de la que todos somos participes. Falta esta decisión de tomar el papel de participes mediadores de una cultura con el medio que nos rodea. Un dialogo con el espacio que habitamos, que nos habita, ahí está beta de la libertad de ideas, en un terreno físico donde lo utópico parece no ser posible pero donde puede trasladarse libremente por medio de una sublimación y afrontar la responsabilidad de comunicarse con ese medio para trabajar en sociedad con el mismo.

Marcos Kummer.


[1] Breve tratado para enfrentar la realidad” – Santiago López Petit pag. 52 - ed. Tinta limón
[2]Breve tratado para enfrentar la realidad” – Santiago López Petit pag. 50 - ed. Tinta limón

La búsqueda de la identidad


“Liberar a lo real de su principio de realidad, liberar al otro del principio de identidad y arrojarlo a la extrañeza”
Baudrillard

“Cultura es el ejercicio profundo de la identidad”
Julio Cortázar


“Seria errado también confundir la identidad con lo que es oriundo del lugar. La identidad, como la tradición, es un concepto dinámico. Se construye con lo que fuimos, con lo que somos y también con lo que deseamos ser. Rechazar lo que nos perjudica no significa cerrarse a lo nuevo, a lo universal”
Rodolfo Livingston






¿Hay una pérdida de la identidad y una necesidad de buscar una figura en la que apoyarse?

Con las alteraciones sociales que se estaban dando a cabo desde mediados del 1700, se hacia necesaria la búsqueda de un referente, y de hechos materiales, tangibles, que confirmen experiencias y que sirva de icono unificador. A falta de esto, aparece un espíritu que busca una reconstrucción de la identidad que alguna vez tuvieron, pero más pertinente al contexto espacial y social de la época.

A partir de la revolución industrial, se empieza a observar una gran cantidad de mercaderías y un éxodo del campo a la ciudad, donde aparecen nuevos ciudadanos que necesitaban orientarse en un nuevo mundo. Un mundo regido por leyes de oferta y demanda de material, las cuales generaban una división innegable de la sociedad. Esta, comenzó a sentirse desconcertada ya que no contaban con un referente a quien seguir y de quien apoyarse.

Regidos por este  desconcierto, las clases más pudientes, se vieron con la necesidad y/o posibilidad de escalar socialmente, a partir de la obtención de capital. Este capital, se caracterizaba por ser de un gran valor tanto económico, como histórico y cultural. A partir de la ampliación del campo de estudio de las ciencias tanto sociales como naturales, se amplían también las reliquias históricas que pasan a ser objeto de deseo de los coleccionistas. Estas colecciones históricas, muchos las utilizaban solo como tales, y otros desarrollaban un incentivo para el estudio de los acontecimientos relacionados con dichas obras.

Las obras de colección eran obtenidas de expediciones, como demostración del poder del capital burgués, generando una fragmentación en el significado existente de estas con respecto a su contexto, dejándola con un valor nuevo, subjetivo, reinterpretado. La práctica de un pensamiento o un ideario realizado en un tiempo y espacio pasado, es reinsertado y unido con partes nuevas como si fuera un rompecabezas en el cual uno decide cuales serán las piezas con las que se van a obtener la imagen final. Estos instrumentos ayudan a obtener una percepción diferente a la que se desarrollaba durante el periodo humanista. Se produce un cambio en las nociones de tiempo y espacio. El dinamismo que se genera con los nuevos medios de transporte y con la producción en serie genera una modificación en la organización de los espacios dentro de la ciudad, los cuales comienzan a tomar un protagonismo donde el sujeto solo es capaz de generar una impronta en masa, modificando su estructura de comportamiento. Así empiezan a tomar protagonismo, los medios de comunicación que dirigen sus ideas a la “sociedad” de manera que puedan aparentar una igualdad de posibilidades cognitivas entre distintos puntos de la ciudad.

De esta manera, podríamos destacar estos actos como una forma de evadir la falta de una figura referente. Un nihilismo que perduró por los años hasta el día de hoy, donde el valor determinado, ya sea de una obra, de una persona o de un objeto en particular no puede ser determinado claramente, ya que no hay referentes que reflejen lo que es el conjunto de la sociedad. La concentración de la población en puntos estratégicos, que dieron lugar a las grandes ciudades, las metrópolis, fomentó una diversidad de tradiciones. El anonimato formado por sujetos que intermitan entre lo individual y lo colectivo se escondía detrás de la imagen del progreso tecnológico y la supremacía de la razón, medio modelador de los habitantes y de sus actividades. El cual hacia referencia a la posición de cada uno de estos engranajes para un funcionamiento a gusto del sistema.


Casa John Soane
El rompecabezas de la identidad histórica mundial.

John Soane, uno de los referentes del emergente historicista, es la idea reflejada del coleccionismo como capital socio-económico-cultural-intelectual. Podemos ver que este personaje, intentó hacer de su vida una obra más de su colección personal.

Así vemos como hay una ausencia de significado de la unidad, retirándolo de su contexto y sustrayéndole la identidad particular para pasar a formar un nuevo conjunto en donde  preconiza la interacción de cada unidad generando una nueva puesta en valor. Pero, ¿Cuál es el valor que tiene en cuenta el proyectista? Realmente parece que hay una atemporalización del carácter, aunque parece haber un valor preestablecido por un signo histórico, un caudal de estudio que resalta símbolos característicos de una época, llamando la atención para una interpretación racional dada por medio de los sentidos. “Se habla a los ojos mucho mejor que a los oídos”2[1]

 La percepción de las obras en el espacio, subliman una idea de soporte sobre un ideario, el cual el proyectista se ve forzado a defender por medio de testiguadores, los cuales legitiman por su carácter histórico.

Las habitaciones tienen un carácter propio. Todas estas están proyectadas con un estudio de cada uno de sus componentes. La ubicación de cada obra, como debería ser vista, la altura del local, el desarrollo de la obra en altura, la iluminación indirecta semejante a las catedrales goticas, los cuadros ubicados intencionadamente.

Se ve claramente identificado el pensamiento empirista, al tomar al objeto como un instrumento, descontextualizándolo, generando una perdida de la identidad conocida, pero a la vez construyendo en conjunto con los demás objetos desnaturalizados una nueva identidad, siendo parte de un mecanismo con un fin comunicacional. Esta comunicación es la historia de un hombre, que se encuentra conformado por diversos objetos de diversos momentos históricos, de esta forma tiende a ser mas completo, universal, es acá donde el objeto toma un valor mayor en el conjunto que por si solo.

El hombre genérico, universal superando al hombre individual, generando una identidad a partir de este hombre colectivo de visión euro-centrista, por sobre las distintas identidades individuales que pueden o no pertenecer a este continente.

En las exposiciones universales donde los países mostraban, hacían formar parte de la cultura universal, sus productos, sus objetos de fetiche, y así su industrialización, su capital cientifico, y en base a esto las características de su cultura, su identidad.

Se presenta un palimpsesto temporal, que surge a partir de una saturación simbólica que manifiestan las imágenes presentadas en la obra, que transmiten la idea clara de la convivencia entre distintos tiempos de la historia que dan la sensación de querer vivir todos los tiempos a la vez. Esto nos muestra una identidad, donde el tiempo del individuo es un tiempo acelerado, donde en el transcurso de la historia de cada uno, debe vivir las muchas historias del hombre, construyendo así, su identidad.
Acumulación del tiempo, capitalización del tiempo, empirismo, el hecho de vivir diversas experiencias, se conoce a partir de vivir la experiencia y razonarla.

Tener un cierto poder de la cultura, al colonizar y adueñarse de otras culturas, se les puede extraer su significado original, para darle uno nuevo, el cual los transforma en objetos fetiches creando nuevas ideologías las cuales generan una ansiedad por obtenerlo.

La transformación de la identidad de un objeto lo hace tomar a veces valores nuevos y otras veces respetando el valor original. ¿A que punto su propia identidad no se va perdiendo?
 
El símbolo de la acumulación
  
Desde los tiempos remotos de la historia de la humanidad, la comunicación se daba por medio de símbolos representativos de las cosas o de las acciones, los cuales estaban regidos por una tradición de tribu o de cultura. Debido a las modificaciones del mundo y su comunicación más fluida a lo largo de todo el globo, podemos ver como se fue universalizando. Por más que veamos que cada país tiene su idioma característico, podemos ver como hay una universalización de signos, así aparece el alfabeto. También se ve reflejado en la regresión que tiene el arte, esa percepción de características compositivas, que deducen a que cultura pertenece, ya sea la estructura tripartita griega, los arcos romanos, o los vitreaux góticos. Esta influencia que tiene el símbolo como referente, como un “modelo”, es aprovechado como estructurador de una imagen que será representativa frente a una sociedad. Da un valor especial.

Esta imagen, es la base de este imaginario
. La mayoría de la sociedad estaba refugiada frente a una nueva imagen, la cual era ese referente que los “protegería” en los cuales se acunaban. Este referente era y es el capitalismo.


La nueva interpretación de las cosas

Esta nueva forma de construir conocimientos, guiará a lo largo del período toda comprensión y estudio de la actividad social poniendo como centro de la elaboración de la misma a la observación empírica y racional. Esta observación permite recuestionarse todo valor y significado tanto de los objetos como de cada hecho en particular. Los símbolos que hasta ese momento eran representativos de las culturas previas, obtuvieron un nuevo valor histórico, el cual era avalado por su propio valor, el cual estaba simbolizado en el precio.

Se puede observar este método científico en la vida diaria de aquellos que buscaban ser representativos de la historia avalada en ellas de la siguiente manera:

La hipótesis seria la necesidad de ser un personaje reconocido por su capital. Su objetivo, era la obtención de arte, ya sea por esculturas, pinturas, maquetas, o cualquier otro elemento artístico formando con ellos una gran colección. El desarrollo fue la búsqueda de estos elementos a partir de las expediciones y de las comercializaciones. La puesta en práctica, se ve en la exposición de este capital, y su vida privada como otra pieza más de la colección, para corroborar su imagen conocida por la sociedad de la metrópolis y avalada por su fascinación. La conclusión verificada que a proyecto de vida, como una persona que consigue obtener partes de la historia las cuales podrían tener un gran valor por su antigüedad pero sin embargo se utilizan para generar una gran imagen estética por medio del arte, donde la tipología pasaba a ser un estilo, un gusto y su colección un deslizamiento por la historia de la diversidad de estilos y gustos estéticos, dejando de entender todo significado que el artista le dio a esa obra en ese contexto, para comprenderla desde otro punto de vista.

“… el problema es reconciliar la historia de los objetos artísticos, externa y relacionada con el contexto, con un tratamiento estético interno y formal…”[2]

La ley como filtro

Popper define al historicismo como “a una manera de abordar las ciencias sociales que asume que la predicción histórica es su objetivo principal y que creer que este objetivo es alcanzable descubriendo los “ritmos” o “patrones” o “leyes” o “tendencias” que subyacen en la evolución de la historia”.[3]

Si se encara el estudio de las ciencias sociales tal como se encaran las naturales, por medio del método científico se puede hablar del planteo de una hipótesis, la cual sin una comprensión de esta,  queda solamente en una hipótesis y no podría nunca llegar a una certeza. Esta comprensión parece devenir de un conocimiento previo, mediante la observación del individuo y su conocimiento, descubriendo de las leyes previamente mencionadas. Tales son materializadas en el desarrollo de las expediciones realizadas por los burgueses, las cuales nutrían de conocimientos para comprender y apoderarse de todas aquellas piezas de colección.

Popper plantea dos conceptos sobre las conclusiones de esta comprensión. Una inevitable, conocida como “profecía” la cual está basada en un ideal, que en nuestro caso sería la historia, el cual es inevitable, y hace que algo se dé sin tener en cuenta los factores que lo rodean, por esto mismo se puede ver como John Soane reutiliza caracteres importante de la historia, principalmente en el uso de la luz, elemento por medio del cual cada cosa tiene su forma y su aspecto.  Mientras que el otro concepto habla de fuerzas naturales que son las que se encargan de moldear en contorno, claramente, seria el contexto.

Aunque uno pueda establecer condiciones generales positivas y negativas sobre algún aspecto histórico, es necesario recurrir a las condiciones iniciales donde se cumplirían dichas predicciones. Aparentaría estar hablando de estos orígenes como la aceptación o la refutación (como verdad o falsedad de la cuestión) lo cual nos remite, ajustándonos en el periodo del siglo XIX, a un pensamiento estético de si es pertinente o no, porque va a quedar bello o feo en el nuevo espacio (contexto) en el cual habitarían dichas piezas. La verdad para los historicistas estaba en la tenencia de estos objetos y en su acumulación apoyándose en sus veracidades y avalando las leyes.

Podemos ver, de esta manera, como es prescindible esta seguridad brindada por las certificaciones de la historia sobre el pensamiento de los historicistas como negación a lo desconocido, lo cual no estaba sostenido por ninguna ley. Esta observación era personal, intencionada hacia el fin que les convenía, haciendo una crítica favorable de manera individual y certificadora del fin mediante un orden el cual reorganiza la multiple cantidad de elementos en uno que se podría denominar conjunto, ya como se ve en Frankestein, donde el monstruo es una recopilación de partes con el fin de transgredir los límites de la ciencia hasta ese momento. Se puede ver también como el estado comienza tomar forma por la unión de las distintas ramas de la sociedad y a su vez como John Soane organiza de una determinada manera las obras para poder hacer de su conjunto la ley fiadora de la predicción.

Se puede ver a los acontecimientos de este periodo como causadores  y ligadores de una ley que depositada en otro contexto crea una nueva ley, generando como un ida y vuelta retroalimentador de dichos actos. Esta ley obtenida, sin embargo es única, es la verdad, aquella que rectifica todo acto. Esta verdad es el material. Un material, manipulable y comercializable que moldean el veredicto hasta certificarlo como “capital”.


La identidad de lo material


La creación de sociedades agrupadas en conjuntos que se relacionan por medio de un lenguaje y transforman al otro en una comunicación que es reflejo de lo cotidiano, está fundada sobre una identidad prefabricada controladora de este ser encasillable y permite la ubicación de este en verdades establecidas, creando así empresas de su propia apariencia, avalados por los medios de comunicación. Esta sociedad vive en una ficción, ambiciosa y acelerada, dominada por la excitación y el peligro que trae el reposo. Un freno que permite dar lugar a la creación, a la aceptación y a la contemplación, dejando esta posibilidad de modificación social a quienes puedan, despegarse de esta ficción.

Apoyado en la programación de la cotidianeidad de los individuos, manipuladora de los tiempos, se restringe el diseño de la personalidad de cada individuo, popularizando una imagen simbólica, como un espejismo, dado por la anticipación  del dominante el cual bajo la certificación de su experiencia legitima un coleccionismo de momentos atemporales que bajo los principios del positivismo le permite crear una ficción en la cual parece estar establecido un progreso en sus principios individuales, llamándolo asi “prefabricación de una cultura”.

Esta prefabricación es desestabilizada por la oscilación producida entre los partícipes de la misma que se dividen entre los que se pierden dentro de una “identidad” y los que parecen sospechar de un extrañamiento. Es necesario que para una reformulación de esta cultura espejada, se encuentre presente un espíritu del “estar”, de un habitar, de un conocer el entorno, el contexto, lugar que es habitado por el cuerpo, y que es referente del mismo. Este cuerpo es el mediador entre las ideas y la concreción de las mismas,  es imprescindible que este cuerpo sea protegido, ya que es materia y es modificable tanto como las ideas. Este cuerpo parece encerrarse en una necesidad de llegar a alcanzar la imagen del ideal. Dentro de esta cultura prefabricada se puede ver como la utopía que uno tiene idealizada en sus principios, puede ser debilitada por la facilidad brindada para alcanzar el ideal físico del cuerpo modelo. ¿Qué pasa si se enfatiza el entendimiento del cuerpo sin espejos? ¿Cómo se lo percibe por el tacto? ¿Por los sentidos? La interpretación de uno mismo sin otro elemento facilitador de la contemplación del estar, estando realmente, permitiría generar dudas, que abrirían un campo investigatorio sobre las partes en particular. Este cuestionamiento, a nuestro parecer, generaría este freno tan necesitado para poder aceptar por medio de la contemplación, abriendo paso a la posibilidad de una nueva creación, que puede ser construida de manera tanto ideológica como material. Asi como uno en un principio es capaz de entender su propio organismo por medio de los sentidos, con su evolución se puede reinterpretar este ejercicio en la ciudad.

Desde el momento que uno sale a la calle, viviéndola, mezclándose con los otros participantes, relacionándose con otros seres vivos y muchos mecanismos, los cuales son de suma importancia comprenderlos, se puede ser capaz de tomar una decisión de criterios proyectuales e ideológicos que acepten lo previamente construido, de esta forma necesitamos ser mediadores culturales que damos lugar a las ideas de los demás individuos y tenemos la posibilidad de brindar una variedad de elección proponiendo desde nuestra creación, trabajando desde el paisaje, en el paisaje y para el paisaje. 

Dentro de la historia, al ser partícipe de la misma, uno va construyendo su propia historia, condicionada por el contexto. A partir de las vivencias y críticas obtenidas por este tiempo de experiencias, se va generando una relación personal con el contexto y permite que estas visiones de lo material y de lo más metafísico del mismo se sublimen en la obra.

La construcción que uno va desarrollando dentro de su habitar va generando moldealmientos de la masa, abriendo nuevas visiones que por más que pasen desapercibidas probablemente queden en algún lugar de sus memorias, afectando el contexto propio del usuario. Este contexto es afectado de una manera simbólica, ya que la memoria comúnmente es una remisión a un símbolo construido por una expresión encuadrada dentro de un lenguaje cultural abstracto.

El arquitecto como creador de estos símbolos que componen el espacio son mediadores de un alto grado de incidencia, frente a las actividades propias de los individuos habitantes de este campo. En este sentido el arquitecto pasa a ser el diseñador, a veces constructor, de la identidad de una ciudad. Por eso nos preguntamos ¿Cuál es el compromiso del arquitecto? ¿Con que símbolos nos planteamos el camino hacia la interacción? Podríamos decir que poniendo en juego aquellos caracteres simbólicos y referentes de las culturas ancestrales y comprendiendo el valor que tiene el espacio y el tiempo que estamos viviendo se puede lograr un dialogo que concluya en un resultado pertinente entre la creación y lo ya preestablecido.

¿Qué espacio estamos hoy habitando y construyendo? Dentro de esta sociedad que está siendo modelada por la tecnología e incitada al consumo de la misma, donde el hombre pierde por completo su identidad, notamos que la escena donde se desarrolla la vida social, el espacio físico, está empezando a perder su identidad a gran velocidad en manos de un ciber-espacio que se manifiesta de una forma anónima e invasiva desde todos ámbitos, donde el estar empieza a dualizarse hasta perder su identidad sin poder separar lo verídico de lo ficticio. Este espacio, tan difícil de comprender, genera dudas a la hora de tomar decisiones proyectuales, dejando a la luz del día una multiplicidad de identidades, ninguna de estas fuertes ni sobresalientes. Para concluir, nosotros opinamos que esta multiplicidad de identidades contempladas, aceptadas y creadas permite tomar decisiones sobre el presente que cada día construimos.


Bibliografia

·         El espacio de la Ilustración. La teoría arquitectónica en Francia a finales del siglo XVIII" - Anthony Vidler
  • Ensayo “Karl Popper, el historicismo y la narración” – Oscar Cornblit.
  • Ensayo sobre el origen del lenguaje” – Rousseau
  • El Laboratorio Americano - Roberto Fernandez
  • Microfísica del poder - Michel Foulcault - Ed. La piqueta – Año 1979
  • “El cuerpo utópico” - Michel Foulcault – traducción Pag. 12
  • Discurso sobre el espíritu positivo – Augusto Comte - Ed. Aguilar – Año 1980
  • Breve tratado para atacar la realidad – Satiago Pérez Petit – Ed. Tinta Limón - Año 2009
  • Arquitectos de familia, el método – Rodolfo Livingston – Ed. Nobuko
  • Revista Observaciones Filosoficas, articulo: “Braudrillard: Alteridad, seducción y simulacro.” N°1 año 2005
  • Rousseau para principiantes – Dave Robinson; Oscar Zarate – Ed. Era Naciente- Año 2003
  • “Vidas Construidas”
  • Bibliografía de la cátedra.
  • Revistas de Hemeroteca sobre John Soane.


[1] “Ensayo sobre el origen del lenguaje” pag.505 – Rousseau
[2] "El espacio de la Ilustración. La teoría arquitectónica en Francia a finales del siglo XVIII", de Anthony Vidler
[3] Ensayo “Karl Popper, el historicismo y la narración” – Oscar Cornblit.




Autores:
Grime, Ayelén
Kummer, Marcos
Morlio, Melisa
Rocha, Emanuel