2.12.10

La era del simulacro


“la era del simulacro es, por tanto, aquella época en la que habiéndose liquidado todos los referentes, la realidad es suplantada por sus signos. Pero los signos ya han dejado de funcionar como tales, ahora simplemente disimulan que no hay nada. Es el crimen perfecto. A partir de ahora todo se morfosea en su contrario para sobrevivirse.”[1]

Revolución industrial, descubrimiento de nuevos materiales, método científico, abren un campo de investigación hasta ese momento poco pensado. La aparición de nuevas mercaderías que se convirtieron en fetiches fueron las impulsoras de un espíritu consumista avalado por los medios de comunicación. Estas modificaciones en el estilo de vida social, modificaron de manera repentina y brusca el espacio. Tenían la posibilidad de maleabilizar el espacio tal como quisieran. El cristal palace, el referente más fuerte de este movimiento, fue, además de una evolución en la posibilidad de articular los espacios, de permitir luces más grandes y poder eliminar definitivamente los muros, aquella atracción que era la principal movida de los tiempos de ocio de las clases burguesas. Un tiempo más medido por las necesidades industriales, y por el beneficio del traslado más rápido por medio de los ferrocarriles y los vehículos más modernos, también colaboró para que la ciudad tuviera otros ritmos, necesitara otro tipo de configuración, necesitaban avenidas, edificios en altura también debido al éxodo rural.
Toda esta modificación, incentivada por la creación de los estados, y la concentración alrededor de los nuevos gobiernos como una beta vista por el pueblo para adherirse al progreso, aglutinándose en las capitales tanto como los edificios, y principalmente el capital. Esta acumulación que se daba de forma masiva en las ciudades, comenzó a ser desde ese periodo la forma de tomar un nivel social buscado, un reconocimiento del resto de la sociedad. Como diría Baudrillard, es un ser que ve y quiere ser visto, una persona que se ajusta para el encuentro, creando una ilusión estética. La estética, símbolo impulsador de una cultura, fue junto a las necesidades  de expansión, de acumulación y de capital, los principios impulsadores de la cultura ficticia actual, una cultura impuesta por un sistema que tiene como bases el capital.
Los conocimientos de las culturas previas, siempre fueron los cánones de las ideas actuales. Las obras de arte y el entendimiento, o a lo sumo el parecer de entender, los hechos históricos eran un reconocimiento sobre el resto de la sociedad, dan un grado de cultura que se van mestizando con el dueño de dichas piezas y conforman una colección. La colección. ¿Qué es un coleccionista? A mi parecer, es una persona que está interesada en acumular objetos que contengan, o no, una misma característica. Esto parece una maniobra de llamar la atención. Tal como se puede ver qué pasaba en la antigua roma, con los circos romanos, que servían de entretenimiento del pueblo aglutinado dentro de un “Cristal Palace” ocupando los tiempos de los habitantes del imperio. El emperador del momento, era aquel capaz de acumular, aquel que tenia un dominio sobre todas las partes de su imperio. Y de esta manera daba una imagen referente para toda la sociedad, una imagen inalcanzable, pero la verdadera, la que había que idolatrar.
En la sociedad de los últimos siglos pasa lo mismo, hay referentes, tal vez más relacionados con una imagen estética impulsada por las modas cíclicas y sin un fin específico, que son las que las masas siguen e intentan imitar como si fueran un espejo. Yendo al campo de lo urbano, también se ve en las ciudades, como pasaba a partir de la conquista de América. Los europeos utilizaban estas tierras recién conocidas como campo de experimentación, teniendo al referente de la ciudad industrializada como eran París y Londres. Hasta más tarde pensadores americanos como Alberdi, también utilizaron la imagen de la Europa industrial como referente.
Es interesante ver esta caracterización de referentes tomados por referentes. Como una persona de conocimiento masivo, para ser más reconocida y avalar sus ideas o actos se remite a la historia y a hechos que tuvieron su lugar en un pasado, y vuelven a ser reflejados, con su nuevo “contexto” en otro tiempo y con otros tiempos. ¿Funciona? Se podría hablar acá de una relación entre el funcionamiento y su astucia. Para esto podríamos volver al tema de una realidad ficticia, una multirrealidad que parece una “casa de los espejos” donde depende como uno se mueve es la visión que tiene de la realidad.
“la multirrealidad es la otra manera de hablar de esta realidad enteramente capitalista que tenemos ante nosotros. Su funcionamiento se basa en la coparticipación de dos procesos: la indeterminación o gelificación y el cierre mediante la obviedad. La multirrealidad es única si bien abre puesto que prolifera en múltiples planos que la indeterminan a la vez que la estabilizan. Y, sin embargo, la multirrealidad también se cierra. Lo que sucede es que este cierre que la obviedad efectúa, es en falso.”[2]
Cierre falso, ya que podemos plantear este proceso como una moda cíclica la cual se vuelve rutina y por momentos costumbre. Por momentos uno se siente como atrapado dentro de esta rueda. Y más si está en contacto con todas las herramientas controladoras de este sistema. Por así decirlo, se vuelve un acto no racional, embestido por la necesidad del consumo y de realizar algo lo más parecido al referente de la moda. Un acto mimetizador de razones superfluas, que generan como en la actualidad actos y materia sin un criterio. Tal como se puede apreciar comúnmente en las viviendas de los barrios privados o en intervenciones dentro de las ciudades donde, influye más un beneficio o una necesidad de resaltar sobre “lo otro” que poder colaborar con el paisaje en la construcción de una identidad de la que todos somos participes. Falta esta decisión de tomar el papel de participes mediadores de una cultura con el medio que nos rodea. Un dialogo con el espacio que habitamos, que nos habita, ahí está beta de la libertad de ideas, en un terreno físico donde lo utópico parece no ser posible pero donde puede trasladarse libremente por medio de una sublimación y afrontar la responsabilidad de comunicarse con ese medio para trabajar en sociedad con el mismo.

Marcos Kummer.


[1] Breve tratado para enfrentar la realidad” – Santiago López Petit pag. 52 - ed. Tinta limón
[2]Breve tratado para enfrentar la realidad” – Santiago López Petit pag. 50 - ed. Tinta limón

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